Buitrago del Lozoya se encuentra situado a 76 km. al Norte
de Madrid. La carretera de acceso, viniendo tanto de Segovia
como desde la capital madrileña, es la autovía N-I, hasta
llegar al desvío señalizado que conduce directamente al
casco urbano de Buitrago. Además, desde Madrid, se pueden
tomar los autobuses de Continental Auto que salen del
intercambiador de Plaza de Castilla.
La
comarca descrita, conocida popularmente como la Sierra
Norte, se extiende por toda la zona septentrional de la
Comunidad de Madrid. Se encuentra perfectamente delimitada
por el sector oriental de la sierra de Guadarrama, al Oeste,
Somosierra, al Norte, y el valle del Lozoya, al Sur. En la
primera se encuentran importantes cumbres como Peñalara
(2.430 m.) y Monte de los Tejos (2.102 m.), mientras que en
la segunda se alzan los picos de Peña Cebollera (2.129 m.),
Cebollera Nueva (1.831 m.) y Tres Provincias (2.129), este
último vértice común de Madrid, Guadalajara y Segovia, así
como divisoria de los ríos Lozoya, Duratón y Jarama.
Las
montañas de la sierra de Guadarrama, caracterizada por
diversos tipos de granitos y gneis, tienen un aspecto suave,
ligeramente alomado; aunque existen, son escasos los
ejemplos de picos recortados formando pequeñas cresterías.
En este sector oriental de la sierra, conocido como montes
Carpetanos, de Somosierra a Navacerrada, se levantan las
mayores alturas de esta alineación montañosa que, como hemos
visto, sobrepasan los 2.000 metros. Hay una segunda
alineación que va desde Navacerrada hasta la rampa de
Buitrago y Lozoyuela; en su primera parte, denominada Cuerda
Larga, aparecen cumbres por encima de los 2.000 metros,
mientras que en el tramo segundo, desde la Morcuera hasta
las rampas de Buitrago y Lozoyuela, encontramos unas sierras
de menor altura (Canencia, Bustarviejo y la Cabrera).
Entre
los montes Carpetanos, al Norte, y la segunda barrera
montañosa, Cuerda Larga y las sierras menores, al Sur, se
encaja el valle interior más importante de la sierra de
Guadarrama, el valle del Lozoya. Se trata de una fosa
tectónica producida por el hundimiento, en el Mioceno (hace
25 millones de años), de un bloque levantado del zócalo;
esta zona quedó definitivamente configurada en el Plioceno
(13 millones de años), con un aspecto similar al actual que
permite el desarrollo del cauce de este río.
El
paisaje de esta zona, uno de los más espectaculares de la
Comunidad de Madrid, posee unas características peculiares
definidas por las grandes manchas verdes que desde la
lejanía ofrecen los bosques de pinares, y que se mezclan con
la escala de grises de la roca típica de la comarca, el
gneis. A estos colores se suman los que proporcionan las
aguas embalsadas del río Lozoya y el limpio cielo de la
sierra madrileña, que según su aspecto o el momento del año,
modifica todo el espectro cromático. Finalmente, los núcleos
habitados, con una arquitectura tradicional basada en el uso
de la piedra, el mampuesto y la madera, proporcionan el
toque humano que encaja perfectamente en este conjunto.
El
casco urbano de Buitrago se asienta sobre un promontorio
elevado formado por uno de los meandros encajados del río
Lozoya, entre los embalses de Riosequillo y Puentes Viejas.
Se encuentra situado en la mitad del valle del Lozoya, entre
la Sierra de la Cabrera y las primeras estribaciones de la
Sierra de Guadarrama; la altitud de esta villa es de 975
metros, mientras que la de su término oscila entre 860 y
1.200 m. El territorio que rodea Buitrago está formado por
zonas de monte alto. Este paisaje se caracteriza por ser un
resto degradado del bosque mediterráneo de roble y haya,
todavía presente a finales del siglo pasado según nos consta
en las fuentes de la época. El término municipal limita por
el Norte, y de Oeste a Este, con los de Villavieja de Lozoya,
Gascones, La Serna, Piñuecar/Gandullas y Puentes Viejas, y
por el Sur, en el mismo sentido, con los de Pinilla de
Buitrago, Garganta y Lozoyuela-Las Navas-Siete Iglesias.
Buitrago ocupa una posición estratégica en la Sierra Norte
madrileña, controlando la vía natural que comunica ambas
Mesetas a través del Puerto de Somosierra, único paso que
permite atravesar con facilidad esta parte del Sistema
Central. La vía de acceso a Somosierra es el valle del
arroyo Madarquillos, que se une al río Lozoya cerca de
Buitrago, a dos kilómetros al Este de la villa. La
toponimia, las fortificaciones de origen árabe que jalonan
todo el valle del Jarama, en paralelo a la carretera de
Burgos, y el hecho de que la Cañada Real Segoviana pase por
Somosierra y Buitrago, parecen confirmar la existencia de un
camino transitado, al menos, desde la Edad Media. Junto a
Somosierra existe otro puerto de menor entidad relacionado
con Buitrago: se trata del Puerto de Linera, que estaba en
el camino que partía de Matabuena, en Segovia, y que,
cruzando la montaña por el valle del Lozoya, llegaba y
concluía en Buitrago.
El río
Lozoya cruza el término municipal de Buitrago partiéndolo en
dos mitades casi del mismo tamaño. El río Lozoya nace, con
el nombre de Arroyo de la Angostura, a 1.700 metros de
altitud, entre Cabeza Medrinal y La Morcuera. En el inicio
del valle toma ya el nombre de río Lozoya para pasar por las
localidades de Rascafría, Oteruelo, La Alameda, Pinilla del
Valle y Lozoya, en estas últimas recogidas sus aguas por el
embalse de Pinilla. Al llegar a la rampa de Buitrago, el río
se encaja en el terreno, creando desde aquí hasta El Atazar
un sistema de gargantas de gran valor paisajístico. Tras
pasar por Buitrago, otra vez embalsado en Riosequillo y
Puentes Viejas, se dirige a Manjirón y Cervera de Buitrago
para unirse al cauce del río Jarama por la zona del Pontón
de la Oliva, tras haber recorrido 65 km. En el siglo XX,
tanto el curso como el cauce del río se han visto afectados
por la construcción de los embalses citados para el
abastecimiento de agua de Madrid. Además del Lozoya, surcan
el terreno los arroyos de la Tejera y Riosequillo, por el
Sur, y los de los Robles y Cigüiñuela, por el Norte.
El
clima de la comarca de Buitrago se encuentra afectado por su
proximidad a la sierra de Guadarrama. La zona de la rampa de
la sierra, entre 850 y 1100 metros de altitud, se
caracteriza por un tipo de clima templado-mediterráneo y
subhúmedo, con una temperatura media anual de 11-12º, que
oscila entre los 22º de verano y los 3-4º de enero-febrero;
la media de la temperatura máxima alcanza los 16-17º y la
media de la mínima los 6-7º. En cuanto a las
precipitaciones, oscilan en torno a los 800-900 mm., aunque
en el valle del Lozoya pueden variar debido a las
condiciones del lugar, protegido en mayor o menor medida de
los vientos húmedos del Suroeste. Por encima de los
1.100 metros de altitud se da un tipo de clima más húmedo,
con unas precipitaciones que llegan a los 900-1200 mm.; las
temperaturas son más bajas, con una temperatura media anual
de 8-10º y una máxima media de 14-15º y una mínima media de
8-10º.
En la
rampa de la sierra madrileña, donde se encuentra Buitrago,
los suelos apenas tienen profundidad y se encuentran
escasamente desarrollados. La tierra, poco húmeda debido a
la sequedad y las altas temperaturas del verano, está
cubierta por la vegetación esclerófila del encinar y del
matorral. En estas zona la especie fundamental es la encina
(Quercus ilex rotundifolia), que es acompañada a
veces por el enebro de la miera (Juniperus oxycedrus)
como arbusto. Todo ello caracteriza un típico bosque
mediterráneo que se puede apreciar aún en los terrenos de la
finca de El Bosque, frente al recinto amurallado de
Buitrago. En el resto del término lo que se observa es un
paisaje dominado por el monte bajo compuesto por la carrasca
y por aquellas especies que confirman una fase degradada del
encinar, es decir, la jarapringosa (Cistus ladaniferus),
cantueso (Lavandula pedunculata), retama negra
(Retama sphaerocarpa) y bolina (Santolina
rosmarinifolia).
En las
zonas más altas, por encima de los 1.000 metros, la tierra
retiene mejor la humedad proporcionando una vegetación
asociada al rebollo y el haya. En algunas fincas de la
comarca de Buitrago, que no se han transformado en
pastizales todavía, se pueden apreciar algunos bosques de
robles. Este suelo ha sido ocupado también por numerosas
repoblaciones de pinos silvestres y resineros que han
ocupado el área del rebollo y que, desde comienzos del siglo
XX, han ido formando grandes masas de pinares. El tema de la
repoblación ya es tratado en el siglo XVIII; en 1781, A.
Ponz señala, refiriéndose a esta comarca, que “entre la
baxada de la Cabrera, y otra antes de entrar en Buytrago,
aparece un territorio que forma una especie de concha; pero
muy pelado todo él no solamente los altos cerros que lo
cercan en gran parte, sino tambien lo llano, donde no siendo
la tierra muy á propósito para cosechas de granos, podría
haber árboles sin fin, y lograr otras utilidades por este
medio, aumentando con esto, y supliendo en ocasiones el
beneficio de los prados, y asegurando en todo tiempo el
alimento de ganados, sin contar el lucro de carbón, y
madera, que le proporcionaría la cercanía de Madrid”.
Entre
los 1.000-1.200 metros de altitud, en el interior de la
sierra, en el valle del Lozoya, se encuentra un sabinar,
formación relicta propia de otras latitudes y condiciones
climáticas más frías. En este lugar la especie fundamental
es la sabina albar (Juniperus thurifera) acompañada
del enebro de miera y alguna encina con matorral de
jarapringosa. Por encima de estas alturas, y hasta los 1600
metros, la mayor humedad favorece que el encinar sea
sustituido por el roble melojo y el fresno. Esta vegetación
se encuentra muy degradada por la ación del hombre y,
además, está invadida también por las repoblaciones de pinos
silvestres. A pesar de ello, se pueden apreciar algunos
melojares y fresnedas con matorral de jara estepa, majuelo,
escoba negra, zarzamora, rosal silvestre, cantueso, brezo
blanco y helechos.
Así
pues, en el entorno de Buitrago nos podemos encontrar con
tres ecosistemas diferentes, el pinar, los encinares y
robledales y, por último, el área ocupada por el embalse.
Como vemos, tanto el primero, por la repoblación, como el
tercero, por las obras del Canal de Isabel II, son el
resultado de la acción directa del hombre al transformar un
ecosistema anterior.
El pinar
El
pino repoblado en la zona de Buitrago es el pino negral (Pinus
nigra) y el pino resinero (Pinus pinaster); entre
ellos pueden quedar todavía algunos ejemplares de robles
melojos y encinas, que se están regenerando de manera
espontánea favorecidos por las condiciones del suelo y la
disposición de sus raíces. En estos pinares se observan
espacios aclarados debidos al pasto y el carboneo, así como
alteraciones del suelo provocadas por el aterrazamiento del
terreno en el momento de la repoblación. Así, ha aparecido
un sotobosque asociado al pinar formado por matorrales de
jara (estepa y pringosa), retamas, cantueso, romero,
tomillo, mejorana, etc. No obstante, aún es posible apreciar
un sotobosque original del encinar y robledal compuesto por
setos de endrinos, majuelos, espinos o escaramujos.
Al
abrigo de este bosque vive un cierto número de mamíferos y
aves. Entre los mamíferos de pequeño tamaño podemos
encontrar conejos, ratones de campo, lirones, topillos y
musarañas. Compartiendo este mismo hábitat, encontramos a
los predadores de los anteriores animales: tejones,
garduñas, comadrejas, ginetas e incluso algún gato montés,
cuyas huellas se pueden distinguir en los embarrados caminos
del pinar en los días lluviosos. Mamíferos de mayor tamaño,
como el corzo (el único cérvido que se puede observar en la
Sierra Norte), el jabalí y el zorro, habitan y crían en este
mismo espacio. Finalmente, se puede comentar el caso de la
ardilla como pequeño mamífero en expansión debido
fundamentalmente al desarrollo de los pinares repoblados. Es
muy importante apuntar que estos animales se encuentran
protegidos por la Ley, por lo que debemos atenernos a los
itinerarios y sendas marcadas cuando realicemos actividades
en el campo; atravesar de forma arbitraria el bosque puede
suponer una grave alteración de los espacios de cría,
alimentación o descanso de estos animales.
Entre
las aves del pinar hay que mencionar de manera especial a
los pequeños pájaros insectívoros, presentes a través de dos
grupos, los páridos (carboneros, herrerillos y mitos) y los
trepadores (trepador azul y agateador común). Estos
pajarillos se alimentan principalmente de insectos y larvas
que encuentran entre las cortezas y ramas de los pinos.
Utilizan agujeros de troncos para criar y protegerse del
frío, así como las casetas anideras artificiales colocadas
por los guardias forestales. Otras aves de mayor tamaño que
podemos observar en esta zona son el grupo formado por los
córvidos (arrendajos, rabilargos, cornejas y cuervos), las
palomas, los mirlos, los zorzales y los pájaros carpinteros
(pito real y pico picapinos). Los predadores naturales de
estas aves son las rapaces; el gavilán es el más extendido,
aunque también nidifican ratoneros y milanos negros.
La
utilización del pinar como fuente de recursos económicos no
es muy relevante. La madera, empleada para combustible
debido a su mala calidad, se obtiene de la entresaca, el
aclareo o la poda controlada de pinos o arbustos. Durante la
época micológica, se produce la recolección de setas, en
particular, el níscalo, un uso popular del pinar que cada
vez está más extendido, lo que ha provocado una excesiva
presión humana. El gran número de recolectores, la mayoría
usando métodos poco ortodoxos que provocan el destrozo de
otras especies e impiden la dispersión de esporas para su
regeneración, puede llevar a la desaparición de las setas.
Los encinares y robledales
El
original bosque de encinas y robles melojos ha ido perdiendo
terreno a lo largo del tiempo debido a las talas
indiscriminadas (madera, carboneo) y a la presión ganadera
para conseguir nuevos pastos (aclareo, dehesas
artificiales). Por ello, ahora sólo lo encontramos en
reductos aislados y, a veces, inconexos. estos espacios
configuran un ecosistema original compartido con pastos y
fresnedales que han sido introducidos por el hombre (el
fresno se introdujo como alimento. para el ganado). Este
tipo de bosque, debido a su escasez en la zona, se encuentra
protegido por la Comunidad de Madrid; sólo se permite el uso
de restos de podas y entresacas supervisadas en todo momento
por los guardias forestales.
Al
igual que ocurre con el pinar, el sotobosque se transformó
en cantuesales, retamales, etc. Al ser espacios más
abiertos, en especial, el encinar adehesado, aparece un
nuevo mamífero que no estaba presente en el pinar, la
liebre. El jabalí también se alimenta en estos parajes
(bellotas), así como el zorro y los corzos. En cuanto a las
aves, se pueden observar cornejas, grajillas, estorninos,
pájaros granívoros (pinzones, escribanos, gorriones) y sus
correspondientes predadores (gavilanes, cernícalos,
mochuelos). Ocasionalmente y al amparo de la extensión
ganadera, pueden aparecer buitres (comunes y negros). Son
capaces de sobrevolar decenas de kilómetros en sus vuelos
buscando animales muertos; la mayoría de estos ejemplares
proceden de la vertiente segoviana de la sierra y se
desplazan hacia el Sur ante la probabilidad de encontrar un
alimento más abundante.
El embalse
El
cauce del río Lozoya está afectado por la construcción de
cinco embalses; el más antiguo es el de El Villar y el más
grande y moderno el de El Atazar. En el término de Buitrago
se encuentran los embalses de Riosequillo y Puentes Viejas.
Al ser una inundación artificial, la ribera de estos
embalses carece de una vegetación característica de los ríos
y lagos naturales (juncos, herbáceas diversas), aunque
podemos encontrar sauces (salgueras) y algunos álamos
(blancos y negros) en las márgenes. Asimismo, estas orillas
están flanqueadas por las especies propias de los
ecosistemas anteriores.
La
mayoría de los animales mencionados anteriormente utilizan
los embalses y sus huellas, marcadas en las orillas húmedas,
se pueden identificar con cierta facilidad. En este
ecosistema se ha desarrollado en los últimos años una
especie que no es autóctona, el visón americano. Este
mamífero carnívoro fue introducido de manera involuntaria al
escapar de los criaderos que existían en la zona
relacionados con la industria peletera. Su buena adaptación
y la extensión que ha alcanzado ha provocado un fuerte
impacto en este ecosistema, ya que se alimenta de roedores,
ranas, peces, huevos y aves acuáticas. Asimismo, ha
desplazado a otros carnívoros autóctonos menos prolíficos y
numerosos, como los turones o las nutrias.
Los
embalses también proporcionan el alimento y unas buenas
condiciones para criar a las aves. Es el caso de las aves
acuáticas en su fase migradora (ánades, ánsares,
cormoranes). Las ánades (patos) y las ánsares (gansos) se
alimentan de la hierba de las pequeñas praderas inundadas
cercanas a los embalses, de pequeños invertebrados y de
semillas; los cormoranes, en cambio, se alimentan
exclusivamente de peces. También hay especies que crían en
los embalses, en los suelos de las orillas o en nidos
flotantes, como el ánade real y el somormujo lavanco. Las
alteraciones sufridas en el nivel del agua de los embalses
debido a la sequía o a otros factores producen un grave
impacto en las zonas de nidificación de estas aves,
alterando los ciclos y números de cría. También aparecen
gaviotas (reidoras y sombrías), garzas y limícolas
(andarríos y archibebes) sobrevolando las inundadas aguas
del río Lozoya a su paso por Buitrago.
Los
numeroso arroyos que vierten al río Lozoya estuvieron no
hace demasiado tiempo poblados por un buen número de
especies de peces (truchas, barbos, bogas, cachos). Las
fuentes documentales, al menos desde el siglo XVI, nos
hablan en numerosas ocasiones de la calidad de las truchas y
barbos que se recogían en estas aguas, y que era una de las
comidas preferidos por los duques del Infantado, que las
recibían frecuentemente en su palacio de Guadalajara. Desde
hace algunos años, la trucha común (Salmo trutta fario)
ha experimentado un importante descenso debido a diversos
factores (interrupción del desove por la construcción de
presas en los arroyos, vertidos, furtivismo). Estas truchas
bajaban a alimentarse a los embalses donde se desarrollaban
hasta alcanzar enormes tallas (llegaron a recogerse
ejemplares de más de 6 kg.) y, cíclicamente, iniciaban su
época reproductora concluyendo con el desove en las
cabeceras de los arroyos. Otro problema añadido a los
anteriores, fue la introducción de un voraz predador
foráneo, el lucio, que provocó un nuevo descenso en el
número de truchas, especialmente en el embalse de Puentes
Viejas. Esta situación se volvió a reproducir, aunque no de
manera tan grave, con la población de ciprínidos (barbos,
bogas y cachos) al introducirse una nueva especie exótica ,
el perca-sol. Aunque parece que ha desaparecido el lucio del
embalse de Puentes Viejas, los ejemplares de truchas son muy
escasos y dependen de la repoblación natural que se produce
desde los arroyos. En los últimos años se han solicitado
repoblaciones de truchas (del tipo común, dada su buena
adaptación al medio) como las que se han realizado en otros
embalses del río Lozoya próximos a Buitrago.