Un paseo por Buitrago
Vegetación y fauna
Un paseo por su historia
Buitrago ha estado habitado desde el S. II a. de J.C.
El origen de Buitrago se remonta al período previo a la dominación romana de la Península. El primer asentamiento urbano, posiblemente de tipo estacional, estaba relacionado con las migraciones de ganaderos célticos de la meseta castellana.
Hay referencias escritas de la conquista de la plaza por el pretor romano Cayo Flaminio en el año 190 a. de J.C., y denomina a la población como “Licabrum”.
Del paso del Islam por Buitrago contamos con algunos elementos que nos permiten rastrear su huella en esta tierra:
- Algunos restos de arquitectura militar.
- La red de acequias para el riego de los campos.
- El Tribunal de Aguas que se celebraba, en tiempos más recientes, en la desaparecida iglesia de San Antolín.
No obstante todos estos datos, el nombre de “Buitrago” aparece por primera vez citado en documentos históricos en el año 1076, en el Fuero de Sepúlveda dado por el rey Alfonso VI. Y es este monarca el que conquista a los musulmanes la plaza englobada en el antiguo reino de Toledo. En 1096 concede a Buitrago un privilegio de repoblación y le da las armas de su escudo consistentes en un toro y una encina bajo el cual aparece la leyenda “AD ALENDA PECORA” -“para apacentar ganado”-, que en definitiva hace referencia al medio de vida que se iba a adoptar, es decir, la ganadería extensiva. Y es así como se creó una Comunidad de Villa y Tierra vinculada a Buitrago.
Durante la Edad Media los distintos reyes otorgaron diferentes privilegios a la villa -Fuero Real, Ferias...- y hacia el siglo XIV fue dado en señorío a la familia Mendoza. Uno de los miembros de ésta, Íñigo López de Mendoza, 1º Marqués de Santillana. Este personaje, muy conocido por su obra literaria, eximió de impuestos a los habitantes de la villa y fundó el hospital de San Salvador; fundación que aún subsiste hoy día. En ocasiones se reunía en su alcázar de Buitrago con su amigo y escritor Juan de Mena, o invitaba a la Corte de Juan II a residir temporadas en Buitrago. Otro personaje real que habitó en el alcázar, en su niñez, fue Juana la Beltraneja, la futura heredera de la Corona de Castilla, que vería luego frustrada su herencia.
En 1492, en el momento de la expulsión de los judíos españoles por los Reyes Católicos, Buitrago contaba con una importante y activa comunidad hebrea. La expulsión produjo una limitada emigración, puesto que algunos se bautizaron para evitarla, o volvieron del exilio convertidos en cristianos. No obstante la comunidad se disolvió como ocurriera en el resto de España.
A partir del siglo XVI la vida de Buitrago se desarrolla afianzándose como capital comarcal, centralizándose los servicios y la vida comercial.
En el siglo XIX se produce un colapso por el paso de las tropas napoleónicas por la villa, causando un gran destrozo urbanístico y social.
Buitrago también sufrió las consecuencias de la Guerra Civil puesto que durante la misma se instaló el famoso frente de Somosierra, que causaría importantes pérdidas en su patrimonio arquitectónico.
En la actualidad el comercio y los servicios vuelven a ocupar a la mayoría de sus habitantes. En Buitrago se centralizan los servicios, tanto públicos como privados, y las instituciones docentes para toda la comarca que formaba la antigua Tierra de Buitrago. Su desarrollo urbano, aun conservando la estructura bajomedieval, ha cambiado considerablemente el aspecto general del pueblo, y se ha desarrollado principalmente hacia el sur, en los aledaños de la antigua carretera NI.
Acceso
Buitrago del Lozoya se encuentra situado a 76 km. al Norte de Madrid. La carretera de acceso, viniendo tanto de Segovia como desde la capital madrileña, es la autovía N-I, hasta llegar al desvío señalizado que conduce directamente al casco urbano de Buitrago. Además, desde Madrid, se pueden tomar los autobuses de Continental Auto que salen del intercambiador de Plaza de Castilla.
Buitrago se encuentra a 76 km. de la capital por la autovía del norte, A1.
Buitrago y la Sierra
La comarca descrita, conocida popularmente como la Sierra Norte, se extiende por toda la zona septentrional de la Comunidad de Madrid. Se encuentra perfectamente delimitada por el sector oriental de la sierra de Guadarrama, al Oeste, Somosierra, al Norte, y el valle del Lozoya, al Sur. En la primera se encuentran importantes cumbres como Peñalara (2.430 m.) y Monte de los Tejos (2.102 m.), mientras que en la segunda se alzan los picos de Peña Cebollera (2.129 m.), Cebollera Nueva (1.831 m.) y Tres Provincias (2.129), este último vértice común de Madrid, Guadalajara y Segovia, así como divisoria de los ríos Lozoya, Duratón y Jarama.
Buitrago está rodeado por un paraje natural incomparable.
Las montañas de la sierra de Guadarrama, caracterizada por diversos tipos de granitos y gneis, tienen un aspecto suave, ligeramente alomado; aunque existen, son escasos los ejemplos de picos recortados formando pequeñas cresterías. En este sector oriental de la sierra, conocido como montes Carpetanos, de Somosierra a Navacerrada, se levantan las mayores alturas de esta alineación montañosa que, como hemos visto, sobrepasan los 2.000 metros. Hay una segunda alineación que va desde Navacerrada hasta la rampa de Buitrago y Lozoyuela; en su primera parte, denominada Cuerda Larga, aparecen cumbres por encima de los 2.000 metros, mientras que en el tramo segundo, desde la Morcuera hasta las rampas de Buitrago y Lozoyuela, encontramos unas sierras de menor altura (Canencia, Bustarviejo y la Cabrera).
Entre los montes Carpetanos, al Norte, y la segunda barrera montañosa, Cuerda Larga y las sierras menores, al Sur, se encaja el valle interior más importante de la sierra de Guadarrama, el valle del Lozoya. Se trata de una fosa tectónica producida por el hundimiento, en el Mioceno (hace 25 millones de años), de un bloque levantado del zócalo; esta zona quedó definitivamente configurada en el Plioceno (13 millones de años), con un aspecto similar al actual que permite el desarrollo del cauce de este río.
El paisaje de esta zona, uno de los más espectaculares de la Comunidad de Madrid, posee unas características peculiares definidas por las grandes manchas verdes que desde la lejanía ofrecen los bosques de pinares, y que se mezclan con la escala de grises de la roca típica de la comarca, el gneis. A estos colores se suman los que proporcionan las aguas embalsadas del río Lozoya y el limpio cielo de la sierra madrileña, que según su aspecto o el momento del año, modifica todo el espectro cromático. Finalmente, los núcleos habitados, con una arquitectura tradicional basada en el uso de la piedra, el mampuesto y la madera, proporcionan el toque humano que encaja perfectamente en este conjunto.
El casco urbano de Buitrago se asienta sobre un promontorio elevado formado por uno de los meandros encajados del río Lozoya, entre los embalses de Riosequillo y Puentes Viejas. Se encuentra situado en la mitad del valle del Lozoya, entre la Sierra de la Cabrera y las primeras estribaciones de la Sierra de Guadarrama; la altitud de esta villa es de 975 metros, mientras que la de su término oscila entre 860 y 1.200 m. El territorio que rodea Buitrago está formado por zonas de monte alto. Este paisaje se caracteriza por ser un resto degradado del bosque mediterráneo de roble y haya, todavía presente a finales del siglo pasado según nos consta en las fuentes de la época. El término municipal limita por el Norte, y de Oeste a Este, con los de Villavieja de Lozoya, Gascones, La Serna, Piñuecar/Gandullas y Puentes Viejas, y por el Sur, en el mismo sentido, con los de Pinilla de Buitrago, Garganta y Lozoyuela-Las Navas-Siete Iglesias.
Buitrago ocupa una posición estratégica en la Sierra Norte madrileña, controlando la vía natural que comunica ambas Mesetas a través del Puerto de Somosierra, único paso que permite atravesar con facilidad esta parte del Sistema Central. La vía de acceso a Somosierra es el valle del arroyo Madarquillos, que se une al río Lozoya cerca de Buitrago, a dos kilómetros al Este de la villa. La toponimia, las fortificaciones de origen árabe que jalonan todo el valle del Jarama, en paralelo a la carretera de Burgos, y el hecho de que la Cañada Real Segoviana pase por Somosierra y Buitrago, parecen confirmar la existencia de un camino transitado, al menos, desde la Edad Media. Junto a Somosierra existe otro puerto de menor entidad relacionado con Buitrago: se trata del Puerto de Linera, que estaba en el camino que partía de Matabuena, en Segovia, y que, cruzando la montaña por el valle del Lozoya, llegaba y concluía en Buitrago.
Red Fluvial
El río Lozoya cruza el término municipal de Buitrago partiéndolo en dos mitades casi del mismo tamaño. El río Lozoya nace, con el nombre de Arroyo de la Angostura, a 1.700 metros de altitud, entre Cabeza Medrinal y La Morcuera. En el inicio del valle toma ya el nombre de río Lozoya para pasar por las localidades de Rascafría, Oteruelo, La Alameda, Pinilla del Valle y Lozoya, en estas últimas recogidas sus aguas por el embalse de Pinilla. Al llegar a la rampa de Buitrago, el río se encaja en el terreno, creando desde aquí hasta El Atazar un sistema de gargantas de gran valor paisajístico. Tras pasar por Buitrago, otra vez embalsado en Riosequillo y Puentes Viejas, se dirige a Manjirón y Cervera de Buitrago para unirse al cauce del río Jarama por la zona del Pontón de la Oliva, tras haber recorrido 65 km. En el siglo XX, tanto el curso como el cauce del río se han visto afectados por la construcción de los embalses citados para el abastecimiento de agua de Madrid. Además del Lozoya, surcan el terreno los arroyos de la Tejera y Riosequillo, por el Sur, y los de los Robles y Cigüiñuela, por el Norte.
Buitrago está rodeado por el río Lozoya
Clima
El invierno llega a la Iglesia medieval de Buitrago del Lozoya.
El clima de la comarca de Buitrago se encuentra afectado por su
proximidad a la sierra de Guadarrama. La zona de la rampa de la sierra,
entre 850 y 1100 metros de altitud, se caracteriza por un tipo de clima
templado-mediterráneo y subhúmedo, con una temperatura media anual de
11-12º, que oscila entre los 22º de verano y los 3-4º de enero-febrero;
la media de la temperatura máxima alcanza los 16-17º y la media de la
mínima los 6-7º. En cuanto a las precipitaciones, oscilan en torno a
los 800-900 mm., aunque en el valle del Lozoya pueden variar debido a
las condiciones del lugar, protegido en mayor o menor medida de los
vientos húmedos del Suroeste. Por encima de los 1.100 metros de
altitud se da un tipo de clima más húmedo, con unas precipitaciones que
llegan a los 900-1200 mm.; las temperaturas son más bajas, con una
temperatura media anual de 8-10º y una máxima media de 14-15º y una
mínima media de 8-10º.
Vegetación y fauna
En la rampa de la sierra madrileña, donde se encuentra Buitrago, los suelos apenas tienen profundidad y se encuentran escasamente desarrollados. La tierra, poco húmeda debido a la sequedad y las altas temperaturas del verano, está cubierta por la vegetación esclerófila del encinar y del matorral. En estas zona la especie fundamental es la encina (Quercus ilex rotundifolia), que es acompañada a veces por el enebro de la miera (Juniperus oxycedrus) como arbusto. Todo ello caracteriza un típico bosque mediterráneo que se puede apreciar aún en los terrenos de la finca de El Bosque, frente al recinto amurallado de Buitrago. En el resto del término lo que se observa es un paisaje dominado por el monte bajo compuesto por la carrasca y por aquellas especies que confirman una fase degradada del encinar, es decir, la jarapringosa (Cistus ladaniferus), cantueso (Lavandula pedunculata), retama negra (Retama sphaerocarpa) y bolina (Santolina rosmarinifolia).
En las zonas más altas, por encima de los 1.000 metros, la tierra retiene mejor la humedad proporcionando una vegetación asociada al rebollo y el haya. En algunas fincas de la comarca de Buitrago, que no se han transformado en pastizales todavía, se pueden apreciar algunos bosques de robles. Este suelo ha sido ocupado también por numerosas repoblaciones de pinos silvestres y resineros que han ocupado el área del rebollo y que, desde comienzos del siglo XX, han ido formando grandes masas de pinares. El tema de la repoblación ya es tratado en el siglo XVIII; en 1781, A. Ponz señala, refiriéndose a esta comarca, que “entre la baxada de la Cabrera, y otra antes de entrar en Buytrago, aparece un territorio que forma una especie de concha; pero muy pelado todo él no solamente los altos cerros que lo cercan en gran parte, sino también lo llano, donde no siendo la tierra muy á propósito para cosechas de granos, podría haber árboles sin fin, y lograr otras utilidades por este medio, aumentando con esto, y supliendo en ocasiones el beneficio de los prados, y asegurando en todo tiempo el alimento de ganados, sin contar el lucro de carbón, y madera, que le proporcionaría la cercanía de Madrid”.
Entre los 1.000-1.200 metros de altitud, en el interior de la sierra, en el valle del Lozoya, se encuentra un sabinar, formación relicta propia de otras latitudes y condiciones climáticas más frías. En este lugar la especie fundamental es la sabina albar (Juniperus thurifera) acompañada del enebro de miera y alguna encina con matorral de jarapringosa. Por encima de estas alturas, y hasta los 1600 metros, la mayor humedad favorece que el encinar sea sustituido por el roble melojo y el fresno. Esta vegetación se encuentra muy degradada por la acción del hombre y, además, está invadida también por las repoblaciones de pinos silvestres. A pesar de ello, se pueden apreciar algunos melojares y fresnedas con matorral de jara estepa, majuelo, escoba negra, zarzamora, rosal silvestre, cantueso, brezo blanco y helechos.
Así pues, en el entorno de Buitrago nos podemos encontrar con tres ecosistemas diferentes, el pinar, los encinares y robledales y, por último, el área ocupada por el embalse. Como vemos, tanto el primero, por la repoblación, como el tercero, por las obras del Canal de Isabel II, son el resultado de la acción directa del hombre al transformar un ecosistema anterior.
El pinar
El pino repoblado en la zona de Buitrago es el pino negral (Pinus nigra) y el pino resinero (Pinus pinaster); entre ellos pueden quedar todavía algunos ejemplares de robles melojos y encinas, que se están regenerando de manera espontánea favorecidos por las condiciones del suelo y la disposición de sus raíces. En estos pinares se observan espacios aclarados debidos al pasto y el carboneo, así como alteraciones del suelo provocadas por el aterrazamiento del terreno en el momento de la repoblación. Así, ha aparecido un sotobosque asociado al pinar formado por matorrales de jara (estepa y pringosa), retamas, cantueso, romero, tomillo, mejorana, etc. No obstante, aún es posible apreciar un sotobosque original del encinar y robledal compuesto por setos de endrinos, majuelos, espinos o escaramujos.
Al abrigo de este bosque vive un cierto número de mamíferos y aves. Entre los mamíferos de pequeño tamaño podemos encontrar conejos, ratones de campo, lirones, topillos y musarañas. Compartiendo este mismo hábitat, encontramos a los predadores de los anteriores animales: tejones, garduñas, comadrejas, ginetas e incluso algún gato montés, cuyas huellas se pueden distinguir en los embarrados caminos del pinar en los días lluviosos. Mamíferos de mayor tamaño, como el corzo (el único cérvido que se puede observar en la Sierra Norte), el jabalí y el zorro, habitan y crían en este mismo espacio. Finalmente, se puede comentar el caso de la ardilla como pequeño mamífero en expansión debido fundamentalmente al desarrollo de los pinares repoblados. Es muy importante apuntar que estos animales se encuentran protegidos por la Ley, por lo que debemos atenernos a los itinerarios y sendas marcadas cuando realicemos actividades en el campo; atravesar de forma arbitraria el bosque puede suponer una grave alteración de los espacios de cría, alimentación o descanso de estos animales.

Entre las aves del pinar hay que mencionar de manera especial a los pequeños pájaros insectívoros, presentes a través de dos grupos, los páridos (carboneros, herrerillos y mitos) y los trepadores (trepador azul y agateador común). Estos pajarillos se alimentan principalmente de insectos y larvas que encuentran entre las cortezas y ramas de los pinos. Utilizan agujeros de troncos para criar y protegerse del frío, así como las casetas anideras artificiales colocadas por los guardias forestales. Otras aves de mayor tamaño que podemos observar en esta zona son el grupo formado por los córvidos (arrendajos, rabilargos, cornejas y cuervos), las palomas, los mirlos, los zorzales y los pájaros carpinteros (pito real y pico picapinos). Los predadores naturales de estas aves son las rapaces; el gavilán es el más extendido, aunque también nidifican ratoneros y milanos negros.
La utilización del pinar como fuente de recursos económicos no es muy relevante. La madera, empleada para combustible debido a su mala calidad, se obtiene de la entresaca, el aclareo o la poda controlada de pinos o arbustos. Durante la época micológica, se produce la recolección de setas, en particular, el níscalo, un uso popular del pinar que cada vez está más extendido, lo que ha provocado una excesiva presión humana. El gran número de recolectores, la mayoría usando métodos poco ortodoxos que provocan el destrozo de otras especies e impiden la dispersión de esporas para su regeneración, puede llevar a la desaparición de las setas.
Los encinares y robledales
El original bosque de encinas y robles melojos ha ido perdiendo terreno a lo largo del tiempo debido a las talas indiscriminadas (madera, carboneo) y a la presión ganadera para conseguir nuevos pastos (aclareo, dehesas artificiales). Por ello, ahora sólo lo encontramos en reductos aislados y, a veces, inconexos. estos espacios configuran un ecosistema original compartido con pastos y fresnedales que han sido introducidos por el hombre (el fresno se introdujo como alimento. para el ganado). Este tipo de bosque, debido a su escasez en la zona, se encuentra protegido por la Comunidad de Madrid; sólo se permite el uso de restos de podas y entresacas supervisadas en todo momento por los guardias forestales.

Al igual que ocurre con el pinar, el sotobosque se transformó en cantuesales, retamales, etc. Al ser espacios más abiertos, en especial, el encinar adehesado, aparece un nuevo mamífero que no estaba presente en el pinar, la liebre. El jabalí también se alimenta en estos parajes (bellotas), así como el zorro y los corzos. En cuanto a las aves, se pueden observar cornejas, grajillas, estorninos, pájaros granívoros (pinzones, escribanos, gorriones) y sus correspondientes predadores (gavilanes, cernícalos, mochuelos). Ocasionalmente y al amparo de la extensión ganadera, pueden aparecer buitres (comunes y negros). Son capaces de sobrevolar decenas de kilómetros en sus vuelos buscando animales muertos; la mayoría de estos ejemplares proceden de la vertiente segoviana de la sierra y se desplazan hacia el Sur ante la probabilidad de encontrar un alimento más abundante.
El embalse
Vista del pantano de Puentes Viejas a su paso por Buitrago.
El cauce del río Lozoya está afectado por la construcción de cinco embalses; el más antiguo es el de El Villar y el más grande y moderno el de El Atazar. En el término de Buitrago se encuentran los embalses de Riosequillo y Puentes Viejas. Al ser una inundación artificial, la ribera de estos embalses carece de una vegetación característica de los ríos y lagos naturales (juncos, herbáceas diversas), aunque podemos encontrar sauces (salgueras) y algunos álamos (blancos y negros) en las márgenes. Asimismo, estas orillas están flanqueadas por las especies propias de los ecosistemas anteriores.
La mayoría de los animales mencionados anteriormente utilizan los embalses y sus huellas, marcadas en las orillas húmedas, se pueden identificar con cierta facilidad. En este ecosistema se ha desarrollado en los últimos años una especie que no es autóctona, el visón americano. Este mamífero carnívoro fue introducido de manera involuntaria al escapar de los criaderos que existían en la zona relacionados con la industria peletera. Su buena adaptación y la extensión que ha alcanzado ha provocado un fuerte impacto en este ecosistema, ya que se alimenta de roedores, ranas, peces, huevos y aves acuáticas. Asimismo, ha desplazado a otros carnívoros autóctonos menos prolíficos y numerosos, como los turones o las nutrias.
Los embalses también proporcionan el alimento y unas buenas condiciones para criar a las aves. Es el caso de las aves acuáticas en su fase migradora (ánades, ánsares, cormoranes). Las ánades (patos) y las ánsares (gansos) se alimentan de la hierba de las pequeñas praderas inundadas cercanas a los embalses, de pequeños invertebrados y de semillas; los cormoranes, en cambio, se alimentan exclusivamente de peces. También hay especies que crían en los embalses, en los suelos de las orillas o en nidos flotantes, como el ánade real y el somormujo lavanco. Las alteraciones sufridas en el nivel del agua de los embalses debido a la sequía o a otros factores producen un grave impacto en las zonas de nidificación de estas aves, alterando los ciclos y números de cría. También aparecen gaviotas (reidoras y sombrías), garzas y limícolas (andarríos y archibebes) sobrevolando las inundadas aguas del río Lozoya a su paso por Buitrago.
Los numeroso arroyos que vierten al río Lozoya estuvieron no hace demasiado tiempo poblados por un buen número de especies de peces (truchas, barbos, bogas, cachos). Las fuentes documentales, al menos desde el siglo XVI, nos hablan en numerosas ocasiones de la calidad de las truchas y barbos que se recogían en estas aguas, y que era una de las comidas preferidos por los duques del Infantado, que las recibían frecuentemente en su palacio de Guadalajara. Desde hace algunos años, la trucha común (Salmo trutta fario) ha experimentado un importante descenso debido a diversos factores (interrupción del desove por la construcción de presas en los arroyos, vertidos, furtivismo). Estas truchas bajaban a alimentarse a los embalses donde se desarrollaban hasta alcanzar enormes tallas (llegaron a recogerse ejemplares de más de 6 kg.) y, cíclicamente, iniciaban su época reproductora concluyendo con el desove en las cabeceras de los arroyos. Otro problema añadido a los anteriores, fue la introducción de un voraz predador foráneo, el lucio, que provocó un nuevo descenso en el número de truchas, especialmente en el embalse de Puentes Viejas. Esta situación se volvió a reproducir, aunque no de manera tan grave, con la población de ciprínidos (barbos, bogas y cachos) al introducirse una nueva especie exótica, el perca-sol. Aunque parece que ha desaparecido el lucio del embalse de Puentes Viejas, los ejemplares de truchas son muy escasos y dependen de la repoblación natural que se produce desde los arroyos. En los últimos años se han solicitado repoblaciones de truchas (del tipo común, dada su buena adaptación al medio) como las que se han realizado en otros embalses del río Lozoya próximos a Buitrago.